Por Julián María Ospina.
Docente
Es de pueblorrico y egresado hace más de 30 años de la I. E. El Salvador. Comenzó de una forma muy empírica y con unos cuantos talleres en Medellín se abrió el amplio campo del arte. Y este universo lo ha llevado aquí en el municipio. “He crecido a mi modo, a mi modo me he propuesto hacer las cosas y de cierta manera se ha hecho una labor y el municipio también a su modo la ha ido asimilando, me ha ido aceptando”. El Municipio cumplía los cien años y él se plantó qué regalo darle.
Con su
mural le ha dado una imagen de Pueblorrico a Antioquia y al país. Para él es la
obra más querida. Realizada a lo largo de un año y medio. “Primero surgió la
idea y después la cosa ideada”. Fue una donación con la colaboración del
municipio, sacó bocetos y se fueron dando. La idea fue la base de la economía,
la parte religiosa y las instituciones. Como parte central el rostro de Cristo
que abriera el trayecto de peregrinación al hermoso Gólgota, más que por la escena religiosa de Juan, María ante al Cristo, por la divisa de ese aura suroeste. Oro del espíritu ya oleaje de
montañas.
El
mural se divide en la pare urbana y la rural. Casa de la Cultura, Biblioteca,
la iglesia, los personajes legendarios, los ancianos, la medicina, la
institución educativa, los juzgados, la danza, el teatro, la música, la danza y
una cruz sensual. “La cruz como tal y la pareja desnuda son dos elementos muy
esotéricos, pero también para el común de la humanidad lo podemos mostrar como
los primeros habitantes que vivieron mostrando también su religión y su parte
espiritual. Dentro del campo esotérico la cruz es unión del amor”.
En sentidos
más allá de la superficie ahonda esta vez no una escultura sino otra pintura,
la que tiene en la alcaldía, del lado del hotel Casa Viejas para mayor
referencia. “El fuego es el mismo amor divino, la pasión que envuelve a la
pareja que está a los lados”, habla Willian. En esa pintura está representado
el pene y la vagina, los guijarros y una especie como de planeta o nave
espacial, no desligando otros hermanos en otros planetas, explica Willian,
quien tampoco desconoce que en el mundo de la creación la fraternidad es
universal.
Al
preguntarle por el arte me dice que “uno nace con esa pasión”, que ese fue el
rayo que le dio la creación. “Y es muy bueno uno descubrirse”, me dice William
mientras tomamos café en el aire matutino del colegio. Recuerda que la primera
escultura que hizo fue una talla en madera, siendo aún colegial. Desde
segundito de escuela ya sabía lo que quería, lo que iba a ser, qué fortuna, hay
quienes en un décimo grado o en último semestre de pregrado todavía no lo saben.
Continúa William: “Para mí el arte es todo quehacer humano que se haga con
amor. Todo. Hasta consumir una comida. Nada escapa al arte ¿si me entiende?”
La mayor
dificultad como artista es no poder mostrar lo que se quiere y puede mostrar.
Todo mundo conoce la obra pero nadie llama. Aunque cada obra es un hijo y eso
es una alegría. También el reconocimiento es gratificante. En términos de arte
nos hace falta mucho, porque con el arte se podría abrir nuevas fuentes bastantes
interesantes, para que a todos nos vaya bien. Creo que es el arte el que puede
abrir la economía del turismo sostenible al municipio, habla William.
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Foto de Diana Restrepo, RDH Fotografía |
William
es un artista plástico en el más amplio sentido y en lo que menos superficial
que esta palabra pudiere significar. Pinta y vive de la pintura y de la
escultura. Es una creación interna y más desde la casa cuyo color y forma
también lo revela como artista. Como artista auténtico le ha gustado explorar,
pero la más difícil y lo más grande es lo que le ha gustado, el barranquismo.
Solo con el mural del cerro El Gólgota, Willian Peláez se consagró como un
artista monumental.
Se recordará a lo largo del tiempo, todavía más que un
gobernante de turno o un perro callejero. Cada que uno va a empezar a subir se
detiene en señal de reverencia y no sabe si apurar el paso, no vaya a ser que
nos embista el toro de las corralejas, que el barbudo de la biblioteca empiece
a leer en voz alta o que el escultor, en la parte superior izquierda (idéntica
ubicación la del corazón), es decir William, nos golpeé con su martillo botándonos algo endurecido que nos sobre.
Sí, William Peláez, un artista monumental. El rayo de la
creación lo siga asistiendo por los siglos de los siglos. Tal como Jesús se recuesta en el cosmos divino para llorar la humanidad que redime no sin padecerla hasta el abismo.
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